Una marca de agua es una de esas cosas que todo el mundo entiende en dos segundos y casi ninguna herramienta deja ajustar bien. «BORRADOR» en diagonal, «CONFIDENCIAL» detrás de la primera página, tu nombre al pie de todas — el punto es que se vea sin estorbar.
Aquí la previsión es el resultado: ves la marca exacta — tu texto, su ángulo, su opacidad — sobre tu documento real mientras la ajustas, no una aproximación en miniatura que luego sale distinta. La opacidad empieza baja porque una marca de agua buena se nota sin estorbar la lectura, y tú decides si debe leerse de lejos o solo estar ahí.
Todas las páginas, o un rango — la portada suele quedar mejor limpia, y la herramienta lo sugiere cuando toca. Y una precisión honesta, porque importa: una marca de agua es una marca visible, no una protección. Cualquier herramienta podría cubrirla después. Sirve para decir «esto es mío» o «esto es un borrador», no para proteger contenido de nadie decidido a quitarla.
Los usos son los de siempre, y todos legítimos: marcar un borrador para que nadie lo tome por final, poner «CONFIDENCIAL» a un documento que circula por dentro, estampar tu nombre en un trabajo que envías a un cliente antes de que pague. En los tres casos la marca dice algo sobre el documento, y nada sobre lo bien que lo protege — por eso la honestidad de arriba importa.
El ajuste fino es donde se gana el resultado. La diagonal clásica a 45 grados funciona casi siempre; bajar la opacidad hasta que el texto se lee con comodidad y la marca solo se nota al buscarla es el punto correcto para un documento que se va a leer. Súbela cuando el mensaje importa más que la lectura — un borrador que nadie debería copiar tal cual. Y elegir un rango de páginas en vez del documento entero deja la portada limpia, que es donde una marca más estorba.
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