Un escáner que traga una hoja de lado, una foto de móvil que sale tumbada, un documento que mezcla vertical y apaisado sin motivo — girar páginas es una de esas cosas que deberían ser un gesto y a veces no lo son.
Aquí es un clic por página, y la diferencia importante es dónde va ese clic: dentro del archivo, no sobre la pantalla. Muchas herramientas solo cambian cómo se ve el documento mientras lo tienes abierto, así que vuelve a salir torcido al compartirlo. Aquí la rotación se escribe, y la página sale derecha en cualquier lector y al imprimir.
Cuando el escaneo entero vino de lado, seleccionar todo y girar una vez es una acción, no sesenta. Y la miniatura muestra la verdad en cada paso: la página girada se muestra girada en la lista, así que compruebas el resultado antes de descargar, no después.
Si además tienes que firmar en una página girada, también sale derecha: la colocación se calcula contra la página real, no contra cómo se ve en pantalla en ese momento.
El caso más común llega del escáner: una hoja que entró de lado entre cuarenta bien. Ahí no hace falta girar el documento entero — se gira solo esa página, y las demás quedan como estaban. Y cuando el lote entero salió tumbado, seleccionar todo y girar una vez lo arregla en segundos, no página a página. Es la diferencia entre un gesto y una tarde de trabajo.
Y como es una edición ordinaria, se deshace paso a paso: giraste la página equivocada, Ctrl+Z y sigues. Nada se escribe hasta la descarga, así que la comprobación en la miniatura y el deshacer cubren los dos errores posibles — girar la que no era, o girarla una vez de más. Lo mismo vale para numerar o poner una marca de agua después: la geometría ya es la correcta cuando llegan esas herramientas.
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