Combinar PDFs es el trabajo más mecánico de la categoría y el que más se complica sin motivo. El patrón habitual es una cola de subida, una barra de progreso, una espera y una descarga — para una operación que es, en el fondo, copiar páginas de una lista a otra.
Aquí pasa en el navegador, al momento, con ambos documentos visibles. Las páginas que vinieron del archivo que añadiste van etiquetadas, que parece una tontería hasta que miras una combinación de cuarenta páginas intentando averiguar dónde empezaba el apéndice.
Tres disposiciones cubren los casos reales. Al final es la de por defecto y la común — una carta de presentación seguida de lo que presenta, o un informe seguido de su apéndice. Al principio es la misma idea al revés. Intercaladas existe por una frustración concreta y muy común: un documento escaneado cara a cara, que te deja todos los frontales en un archivo y todos los dorsales en otro. Intercalarlos a mano son sesenta arrastres. Aquí es una elección, con el aviso de que asume que el segundo archivo viene en el mismo orden — porque si los dorsales se escanearon al revés, vale más saberlo antes que después.
El orden es lo único a revisar, y se dice en vez de suponerse: los archivos se combinan en el orden en que los abriste, nombrado en la confirmación antes de que pase nada. Y como la firma de un documento firmado no sobrevive ninguna recombinación, cuando aplica se dice en la misma línea — un hecho, nunca una advertencia.
No se sobrescribe nada. Los dos archivos del principio quedan intactos en tu disco, y lo que descargas es nuevo. Si el orden de páginas no es exactamente el que querías, la lista de páginas deja arrastrar cualquier página a cualquier sitio después, y girar una que entró de lado es un clic.
Sin subidas, sin cuenta, sin marca de agua y sin registro.