Este es el trabajo de poner orden: un documento que salió del escáner desordenado, con dos páginas en blanco en medio y una hoja metida de lado.
La lista de páginas es toda la herramienta. Miniaturas en tres tamaños, porque un documento de cien páginas y uno de seis piden vistas distintas: compacto cuando mueves cosas por posición, grande cuando de verdad necesitas leer la página antes de decidir si se queda. Arrastrar funciona como esperas. El teclado también, que importa más de lo que parece: reordenar páginas es de lo poco que de verdad cuesta hacer sin ratón, y la mayoría de herramientas simplemente no dejan.
Borrar es una selección seguida de una acción, no página a página. Girar es un clic, y se escribe en el archivo en vez de ser un truco de pantalla: una página que se ve bien aquí se ve bien en todas partes, incluida la impresión.
Seleccionar es donde está la velocidad. Mayús+clic toma un rango, y las mismas tres operaciones — borrar, girar, extraer — valen para una página o para cuarenta a la vez. El estado se ve en las miniaturas, así que compruebas el resultado sobre la marcha: una página girada se muestra girada, una editada va marcada, y una que falló al renderizar lo dice en lugar de quedarse en blanco. En un documento largo la lista abre donde estabas leyendo, no de vuelta en la página uno.
Todo lo de esta página es una edición ordinaria, así que se deshace paso a paso como siempre. Eso es distinto de las herramientas de archivo completo como comprimir, donde el cambio lo reescribe todo y la salida es empezar de nuevo desde el original.
No se sube nada. El documento que abriste queda intacto en tu disco hasta que descargues la versión ordenada.