Hay dos trabajos que el mundo confunde constantemente, y la confusión es peligrosa. Uno es tapar algo para que no se vea: un recuadro encima que oculta en pantalla y deja el texto intacto debajo, listo para que cualquiera lo copie. El otro es quitarlo de verdad: que deje de existir en el archivo.
Esta herramienta hace lo segundo, y solo lo segundo. El texto que marcas se elimina del contenido del archivo. Seleccionar la zona y pegarla no devuelve nada, porque ya no hay nada. Esa es la única respuesta honesta a «¿se ha ido de verdad?», y cualquier herramienta que ofrezca otra cosa bajo el mismo nombre está mintiendo en el sitio exacto donde más duele.
Como el resultado es irreversible, la revisión no es una formalidad. Antes de descargar ves el resultado completo, marca a marca, comprobado en su sitio — no un «¿estás seguro?» rápido. Es la última mirada tranquila antes de que no haya marcha atrás en ese archivo.
Y cuando lo que quieres es solo ocultar algo en pantalla — que siga en el archivo pero no a la vista — eso es cubrir, otra herramienta a un clic de distancia, y siempre llamada por su nombre. Las dos viven cerca y nunca se prestan el nombre de la otra, porque la diferencia entre ellas es exactamente la diferencia entre privado de verdad y privado de mentira.
¿Y un escaneo? Ahí el texto no existe como texto: es una foto. Eliminar en una imagen significa borrar los píxeles de la zona, cortados fuera del archivo, y se dice con la misma claridad — no hay texto que quitar, hay imagen que cortar, y el resultado tampoco se puede deshacer en el archivo descargado. La revisión previa lo muestra zona a zona, igual que con el texto.
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