«¿Qué cambió entre estas dos versiones?» es una pregunta que hace todo el mundo — contratos, presupuestos, la versión que volvió marcada de un cliente — y la mayoría de herramientas la responde mal de una forma concreta: desalinean las filas. Cuando una línea existe solo en una versión, la otra sube, y de pronto dos frases sin relación parecen una reescritura.
Aquí las filas quedan a nivel. Una línea que solo existe en una versión muestra un hueco en el otro lado, así que leer en paralelo compara de verdad la misma parte del documento. Es la diferencia entre una comparación y un juego de «encuentra las diferencias» que nadie pidió.
Tres respuestas honestas que la mayoría evita. Si los dos archivos se leen igual, lo dice — y añade que no son byte a byte idénticos porque se guardaron en momentos distintos, que es una respuesta de verdad y no un «0 diferencias». Si las dos versiones son escaneos, dice qué puede y qué no puede comparar: imágenes distintas sí, palabras distintas no, hasta que los hagas buscables. Y si la maquetación se movió mucho, te avisa — un párrafo movido se informa como movido, y una edición pequeña dentro de un párrafo movido es fácil de perder, dicho en vez de fingido.
El detalle a nivel de palabra es lo que hace la vista útil de un vistazo: una línea cambiada se marca entera, y dentro de ella se señalan las palabras que de verdad difieren, así que una frase reescrita y una cifra corregida no se leen igual. Y si el par lado a lado cuesta de leer — dos columnas densas, una pantalla pequeña — se puede cambiar a un solo lado con los cambios marcados en su sitio: pierde el paralelismo, gana la letra grande. Comparar tres versiones a la vez es otra clase de vista, y preferimos no fingir que dos paneles la resuelven.
Comparar no cambia nada. Los dos archivos pasan intactos, todo ocurre en este navegador, sin subir nada.